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Un imán de devoción en pleno corazón de Doñana

La Virgen del Rocío ha articulado durante siglos uno de los territorios naturales más ricos del mundo, un lugar que ha traído durante toda su historia a las personalidades más importantes del mundo.Ante ella se han postrado Reyes, nobles, señoras, hombres del campo, gobernantes, labriegos, alcaldes, cardenales y hasta un Papa santo. Las personas más influyentes de cada tiempo han sucumbido ante esta devoción desde mediados del siglo XIII hasta nuestros días, en los que la Virgen del Rocío ha vertebrado las lindes de uno de los territorios geográficos y estratégicos más ricos de Europa. Un gran pantanal que es Parque Nacional, la mayor reserva ecológica de Europa, que ha sido fuente de vida de todas las culturas que por allí han pasado. Un triángulo mágico que tiene en su centro una ermita junto a una marisma única en el mundo. Influencias reales que han influenciado hasta en la vestimenta de la imagen al modo Habsburgo con un claro ejemplo en el traje de viaje con el que se vestirá en su traslado a Almonte el próximo 19 de agosto. El Rocío es la Virgen y todo lo que la rodea. Un misterio que ha traído hasta sus plantas a miles de personas durante siglos

Tras la conquista de este espacio por Alfonso X "El Sabio", una la leyenda contará desde entonces que un cazador Villamanrique de la Condesa llamado Goro Medina encontró, atraído por los ladridos de sus perros, una imagen en el hueco de un viejo árbol que al principio confunde con una muñeca; era un simulacro de la Virgen del Rocío escondida desde la época de los moros. Esa leyenda da pie a un sin fin de historias alrededor de esta icónica imagen. Los historiadores narran que el lugar que hoy conocemos como El Rocío, «da nombre no sólo a la Virgen, sino a una aldea y a un territorio concreto que no siempre se llamó así. Ni su configuración paisajística, ni su demarcación y dependencias administrativas fueron siempre las mismas. La zona donde hoy se erige el Santuario de Nuestra Señora del Rocío, estuvo poblada en otras épocas; yacimientos y restos arqueológicos, así lo demuestran: paleolítico, Tartessos, romanos, visigodos y árabes», comenta la hermandad Matriz.
Toda esta tierra señorial, donde se enclava la Ermita, «estaba atravesada por caminos muy transitados que se cruzan a escasos metros de esta, convirtiéndola en lugar de encrucijada que será vital para que se propague con facilidad la devoción a la Blanca Paloma». Un cruce de caminos que se afianzó en 1587 cuando el sevillano Baltasar Tercero, emigrante en el Perú, dona dos mil pesos para instituir una capellanía en la ermita de Ntra. Sra. de las Rocinas, nombrando como patronos de la misma a los cabildos civil y eclesiástico de la villa de Almonte. Esta fundación va a suponer la creación de una importante estructura organizativa que recibiría la denominación jurídico-eclesiástica de “Obra Pía de Nuestra Señora del Rocío”, que tenía como finalidad específica, la atención del culto en la Ermita. Este es el gran antecedente de la hermandad Matriz.
Un territorio dominado desde el Condado de Niebla y el Ducado de Medina Sidonia, este establecido durante siglos en Sanlúcar de Barrameda, y que ejercían su influencia en Doñana y que tenían a esta devoción en el centro de su lugar de operaciones.
Los Duques de Montpensier
Esta estrecha relación entre el poder y la marisma ha llegado de manera simbólica hasta nuestros días, pasando por un periplo intenso en los siglos XVII y XVIII con el nacimiento de las primeras filiales y el apego a ellas de la familia real y algunas nobiliarias fundamentales en la historia de España. Un caso fundamental es el de los Duques de Montpensier.
Recién llegados a Sevilla, buscaron el cariño del pueblo entroncándose con algunas de las fiestas y celebraciones más notables del por entonces Reino de Sevilla, que van desde la Semana Santa a un emergente Rocío. Antes, Antonio de Orleans comenzó a desarrollar actividades cinegéticas por Doñana, en 1849, coincidiendo con unos días de descanso que pasaba en Sanlúcar. Quedó impactado por el entorno y buscaba que afincarse en estas posesiones. Solo pudo pocionarse desde Villamanrique para llegar a las monterías del coto real y santuario marismeño donde se construyeron su palacio. Comienza una relación con la antigua hermandad manriqueña que llega hasta la actualidad, donde la familia real es hermana mayor efectiva y que tuvo, hasta su muerte, a Don Pedro de Orleans y Braganza como incondicional rociero.
Cuentan las crónicas que Antonio María de Orleans acudió por vez primera a la función de Pentecostés el 9 de junio del año 1851, tal como lo había anunciado a toda Europa el rotativo madrileño de distribución internacional (Francia e Inglaterra) El Católico: «los serenísimos señores duques de Montpensier han determinado concurrir este año a la función de Ntra. Sra. del Rocío». Si en aquel tiempo se registraba una gran afluencia, la ilustre visita «aumentará este año indudablemente la solemnidad y concurrencia con motivo de presenciarla las augustas personas». Desde ese momento, fueron muy asiduos al Rocío, Triana y Coria del Río, se involucraron en construir sus casas con el fin de acoger en una sede digna la visita de sus altezas reales. De la hermandad trianera fueron protectores y fundamentales en la creación de la mítica carreta de Armenta.
Un recorrido de 17 años de relación con la Virgen del Rocío hasta que se vieron obligados a marchar con la Revolución Gloriosa de 1868. El paso de los Montpensier por el Rocío modificó ostensiblemente la historia de esta devoción mariana del sur del país.
La Condesa de París, la Reina Sofía y San Juan Pablo II
Tres personas claves para entender el Rocío que hoy se conoce son los aquí mencionados.
Una es Isabel Alfonsa de Borbón y Borbón, Infanta de España, hija de María de las Mercedes y el Infante Carlos de Borbón. La Condesa de Paris puso sus raíces en Villamanrique y recibió la devoción a la Virgen de mano de sus padres. En vida, le donaría a la imagen una de las joyas más icónicas que posee: el broche de oro y diamantes que le regaló en 1929 por su boda. Esta herencia ha llegado hasta los actuales monarcas. La Reina Sofía, por entonces princesa, fue al Rocío vestida de romera el 19 de mayo de 1972 cuando se embarcó con las
hermandades de Jerez y de Sanlúcar para vivir su primer Rocío. Entró en la aldea con la hermandad de Triana e hizo la presentación de las hermandades con la de Villamanrique y fue nombrada camarista de honor de la Virgen del Rocío. Doce años más tarde, doña Sofía regresó de nuevo a la Aldea, pero ya en compañía de las infantas Elena y Cristina. En 1973 dejó una de las portadas de la Revista Hola más icónicas que se recuerdan.
Un culmen social que elevaría a cotas inimaginables al Rocío. El 14 de junio de 1993, el Papa Juan Pablo II -ahora santo- visitó al Rocío en su viaje por España. Allí oró ante la Virgen y se subió al balcón que mira a la marisma para relatar a todos una frase que quedará en la memoria del tiempo: "Que todo el mundo sea rociero". Un impulso vaticano que elevó a esta devoción a las más elevadas cotas. El Rocío abrazaba al mundo como la Virgen ha abrazado al tiempo. Ese tiempo que hoy sigue construyéndose cuando hasta sus plantas llegan todas las personalidades más importantes del panorama actual. ◉

Texto: Javier Comas
Fotos: Javier Comas y  archivo

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