Cartas del director

Adiós a la inercia vestida de prisa

Despierta un nuevo agosto al que llevábamos un año esperando exactamente. Este mes de hilo y lino para mí siempre ha estado ligado a una tierra marinera que coquetea con Doñana. Telón de fondo de mil tonos de verde sin el que sería complicado entender su genuinidad. Sanlúcar de Barrameda es el colofón del cordón umbilical de Andalucía entera que, en sus últimos coletazos, hasta trae los chapuzones de la cucaña de Triana por su Velá. Para mí el amanecer de agosto es sinónimo de caballos purasangres de las mejores casas, dándolo todo para el mundo en una pista de arena, coquinas y almejas. Agosto para mí son paseos por la playa en los que me replanteo el nuevo curso, cargado de proyectos y de ilusiones por despegar y son las conversaciones desde la cama con mis hermanos, como en nuestra infancia, con los que tardaré en coincidir un año de nuevo con puntualidad suiza de esa guisa. Agosto son los mejores años de mi niñez ajeno a la competición vital, a la lucha sin cuartel que se nos venía encima sin buscarla. Agosto para mí significa volver a mi verdadera patria, a mis amigos de siempre, a las costumbres que dejé arrumbadas a la primera de cambios tras la primera de las mil historias que nos empujaron a vivir demasiado deprisa. Las prisas no son buenas y la inercia, la peor de las drogas que existen. Agosto es tensión baja y puesta de sol con colores imposibles con una copa en la mano o desde la calma de la toalla mientras se proyecta un nuevo año que empieza como una revolución en septiembre. Agosto es volver a volver a esos veranos de casetillas de rayas y coches de caballos en La Calzada. Es volver a lo auténtico, a la esencia de aquellos olores y sabores de nuestra inocencia de helado de vainilla del chiringuito de siempre con suelo de arena. Agosto son pasteles liados en papel blanco, vociferados por una señora entrañable de gafas y roete y es barbacoa contemplando las estrellas, todas presentes y exultantes. En este escenario sale Escaparate con la alegría eufórica de hacerlo por undécima vez para vivir agosto juntos, coincide para colmo con el mayor espectáculo de las playas del Sur, las históricas Carreras de Caballos de Sanlúcar de Barrameda. En torno a él muchos serán los abrazos, los besos pendientes de amigos que no se frecuentan por avatares miles de la vida. Le recomiendo que apague el televisor y hable con los suyos en estos días de bajar el balón al suelo, de darle coba a la prisa para derrochar tiempo en perderlo que es ganarlo. Mire, la televisión está para no verla. Demasiadas mentiras, demasiada falta de estética moral. ¡Qué feo está casi todo! A mí me da un mal rollo la televisión que la he escondido. Tal cual. Como se plante delante del televisor y se coma y beba todo lo que le lanzan caerá en la cuenta de que hemos ido para atrás. Faltan líderes de altura, faltan valores que empapen y emocionen con lo mejor de nosotros. No, no es el momento de la televisión, ni del móvil. ¡Qué disparate! Suba si le apetece momentos agradables a las redes de este mes oficial del calor pero preocúpese principalmente de vivirlo en primera persona, no sea virtual. Es la ocasión para hacerlo. Aproveche para tocar, abrazar, sentir, oler, comer, brindar, reír sin aparatitos diabólicos por medio. Viva este mes de agosto al que llevábamos exactamente un año esperando haciendo lo que tenía ganas de hacer y lance lejos, más todavía, la inercia vestida de prisa. Haga y deshaga lo que no se concedió hacer y deshacer en los meses grises, marrones y ocres.  Agosto es el mes de recibir emociones, prestos de par en par, para ser testigos y protagonistas de la felicidad de los pequeños gestos. El mes de sentir el amor y de recibir lo que el dinero no puede comprar. Agosto es el mes de las grandes siestas y de no dormir sus noches. Sienta la arena fría en sus pies descalzos para ver el cielo de nuestra tierra pletórico y cuajado de estrellas antes de irse a la cama. Agosto es el mes huérfano de las prisas, de las risas flojas,  el mes en el que puede ver, ajeno a lo estandarizado que nos alinea, un mundo más hermoso, más auténtico. ¡Qué bueno que llegaste, agosto! ◉

 

 

 

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