Cartas del director

Brindo por la vida

Quemo mi primer incienso del año justo antes de escribir estas palabras. Terminé mi english breakfast favorito escuchando mi carpeta “Elegidos” que contiene toda la música que me gusta y que es tan ecléctica como mi personalidad. Un batiburrillo de matices con los que la vida ha ido impregnando mi carácter. Hoy es mi día, hoy que es un día cualquiera y me he puesto como única tarea hacer lo que me apetezca. Me he obligado a parar. Me tengo vigilado para no hacer otra cosa que no sea pararme. Hoy me apetece estar sólo conmigo pues como dijo alguien que se paró sólo lejos de todo y cerca de nosotros mismos tienen lugar los grandes descubrimientos. Voy a hacerme mi comida favorita, en mi plato favorito, con mi vino favorito, en mi copa favorita. Hoy me voy a mimar porque sí y sin pensármelo dos veces. Hoy que es un día cualquiera dejará de serlo. Hoy será mi día por Real Decreto de mi voluntad. Está decidido. Vamos, lo tengo decidido. Aunque yo quiero morir decentemente en mi cama y si puede ser con sábanas de Holanda... Quiero vivir viviendo cada segundo porque morir no entra dentro de mis planes, de ninguna de las maneras que hay de morirse. Quiero sentir cada minuto, quiero sentir de hecho. Mis sentidos estarán de guardia abiertos de par en par, las veinticuatro horas del día. Mi ritmo de hoy será lento, cadente, suave, acompasado, como el paso de los carreteros que hacen los caminos lentos, únicos, belleza plástica natural. Hoy sonará todo a melodía. No habrá ruido en mi día. Hoy no pretendo retenerme entre tanta multitud en la que vivo a la deriva contenida del día a día. Hoy no me va a dar tiempo de nada más que de quererme. Así de sencillo, tanto como el mecanismo de un búcaro. Hoy me quito una pila para verlas venir. Hoy no voy a salir ni para pasearte, Sevilla, que es uno de los regalos que me haces cada día. Perdóname pero hoy no es tu día, sino el mío. Y hoy menos que llueve, porque, como sabe , cuando se pone a llover en Sevilla ni las cataratas del Niágara, como decía el mítico Juncal. Yo he escuchado de hecho a dos camisas del tendedero gritando despavoridas. Se quedarán roncas porque yo no subiré a socorrerlas. Hoy me toca a mí. Tampoco te voy a piropear Sevilla, porque también... ¿qué te voy a decir yo que no te haya dicho nadie? Hoy no cruzo a Triana en carrera continua para verte bien. Ni saldré de noche. No saldré ni de día. Hoy no te prestaré atención a ti ni a Albéniz que te componga. Hoy no es tuyo este día cualquiera que dejará de serlo a medida que la chimenea vaya quemando la alhucema, el incienso y el romero. Hoy no seré ni de derecha, ni de centro, ni de izquierda. Lo digo yo que pienso que la neutralidad hay que dejarla para Suiza. Hoy seré mío, sólo mío. Hoy huiré de todos los conservantes y colorantes, sin aditivos ni edulcorantes. Hoy seré sólo y exclusivamente mío. Hoy aparco a Mario Niebla del Toro y sus uniformes para ser Mario a secas. Hoy no voy a vestirme de Mario Niebla. Hoy me vestiré de limpio y de blanco impoluto. Hoy será para mí la vida una celebración sin todo el boato posible, desde mi exilio elegido, con el alma desnuda, desnudo y sólo, como sólo nacemos y sólo nos morimos. Hoy no será la vida una cosa que se aleja dejándonos llorar quimeras. Hoy es fiesta. Hoy es la fiesta de la vida. Todo será una fiesta, ¿o no sabía que la primavera dura un segundo?  Hoy me quité el pijama para vestirme de vida, de serenidad, de verdad, de calma. Hoy voy a pararme para aprender a vivir y a querer pues solamente se vive una vez, al menos de esta manera que es una (jodida) maravilla. Hoy no me voy a arrepentir de lo que pudo haber sido y no fue. Hoy será. Hoy voy a reaccionar porque me he propuesto que este no sea un día cualquiera. De hecho no lo es. Disculpe el lío pero de esta guisa me he levantado. Hoy no será el día de medias verdades aderezadas con medias mentiras. Hoy será para mí el día de la verdad. Hoy es el día de la reflexión, de la ilusión, del quererme para querer, del pararme para avanzar, de disfrutar. Quiero que este día que me he impuesto tácitamente sea una invitación para usted. Dígame dónde le mando la bolsita de incienso y la botella de manzanilla muy fría. Párese a mi salud. Mañana será el comienzo de una nueva etapa y si acabamos errando, volveremos a volver en busca de nosotros mismos para entregarnos a la vida de la única manera que entiendo debemos hacerlo, por derecho, de verdad, caiga quien caiga, cueste lo que cueste. Hoy será nuestro día y mañana un largo camino lleno de rosas con espinas, pero lleno de rosas, blancas, muy blancas. Mañana el mundo nos espera presto a recibirnos con lo mejor de nosotros, presto a prestarnos sus grandezas y miserias para hacer con ellas un cóctel explosivo que nos mantendrá despiertos, alerta, disfrutones, vivos a fin de cuentas. Hoy querido amigo es mi día y puede ser el suyo, ¿por qué no? Hoy esta carta será un brindis a la vida, una locura que no tiene cura. Hoy le corto yo a este toro las dos orejas. Déjese de tontos por ciento... La revista que tiene en sus manos habla por sí sola. No necesita presentación. Ni canta, ni baila, pero no se la pierdan...
Alzo esta copa de papel, rebosante de letras, por usted. Brindo por nosotros y por la vida que es hoy...

 

 

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