Cartas del director

Ojalá

Un interesante estudio de una enfermera encargada de cuidados paliativos con pacientes que decidían morir en casa en sus últimos días de vida concluye que los arrepentimientos más comunes en ellos se resumían en cinco:
1.- Ojalá hubiera tenido el coraje de vivir una vida fiel a mí mismo, no la vida que otros esperaban de mí.
2.- Ojalá no hubiera trabajado tan duro.
3.- Ojalá hubiera tenido el coraje para expresar mis sentimientos.
4.- Me hubiera gustado haber estado en contacto con mis amigos.
5.- Me hubiera gustado permitirme a mí mismo ser más feliz.
Todo lo que se condensa en los lamentos de las últimas semanas de nuestro paso por este mundo se resume por lo tanto en torno al amor y las relaciones. Hay quienes piensan que van a vivir para siempre y no trabajan cada día en convertirlo en único. Gastan días. Mi carta de este mes es una invitación para los que aún estamos a tiempo. Siempre digo y aquí lo he dicho alguna vez que engañar está feo pero que engañarse a uno mismo es de idiota. Vivamos pues fieles a nosotros mismos. Gastemos energías en ser los mejores pero sin dejarnos muertos en el camino más de los inevitables y, sobre todo, no permitamos morir sin haber vivido. Cabemos en un bote y en él no podremos llevarnos la cómoda imperio que nos encanta, ni el reloj que tanto nos costó, aquel abrigo y mucho menos el coche y la casa. El trabajo tiene que ser una herramienta para nuestro crecimiento personal y bienestar no nuestra guillotina y cárcel. Échele la pierna adelante como los gallardos toreros y renuncie para no hacer nada de lo que no haría, sólo por dinero. Llame a quien tiene ganas de llamar sin complejos de decirle que le necesita, que se equivocó y que le quiere. No tema por pecar de blando, ¿qué más da? ¿qué pierde? ¿a quién le importa más que a usted todo esto? No deje que se le enconen sentimientos, sáquelos a borbotones a fuera, expúlselos a caños. Salga de sí mismo y de lo que le aturde en su interior. Libérese. Hagamos un esfuerzo por no torpear despreciando a quienes nos entregan su cariño y, sobre todo, su tiempo, pues es lo único que no recuperarán jamás. Cuando torpee corra presto a arreglarlo. Corra con todas sus fuerzas y no mire para atrás por nada en el mundo. Si no hay mala fe todo tiene remiendo. Corra tras su felicidad pues es esa misma carrera la felicidad, ya que como sabe la felicidad de película americana “per secula seculorum” no existe. ¿Estamos locos?
Quería con esta carta continuar esta senda epistolar que emprendí hace algún tiempo para que este mazacote de letras sirvan para que usted reflexione sobre las cosas que realmente importan mientras toma un café cargado o descafeinado, le cortan el pelo o simplemente mientras descansa en el sofá antes de volver a sus obligaciones. Ésta, como le decía, es una invitación para los que estamos a tiempo de darnos una oportunidad para ser felices y plenos. No quiero que esos lamentos los pronunciemos alguno de nosotros a una hermosa enfermera cuando nos acerquemos al final de este peregrinar terrenal por el que pasamos afanados en tanto prescindible y que tanto nos ocupa y despista de la esencia de la vida. Invitado está, amigo. Ahora sí, le dejo continuar con esta feria de vanidades que tanto entretiene.

 

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