Cartas del director

Olvidar todo lo que no fuera la vida...

Luchando contra nuestros miedos seremos libres. La verdad nunca es sencilla, aunque lo parezca pero, aunque los soñadores cansan y tienden a ser perseguidos por los demás para que no martiricen con sus sueños, debemos saber que la distancia entre nuestros sueños y la realidad se llama acción. Un mes más me asomo a este salón de vanidades para ofrecerle mi mano con la que ayudarle a entrar en la fiesta de la vida. Hay un momento para la prudencia y otro para el valor. El que es inteligente los distingue. Este debe ser el momento del valor y de lanzarnos con los brazos abiertos para abrazar este cuarto de hora largo que es la vida aunque se nos torne tantas veces como una comedia escrita por un humorista sádico. Hace unos días me retiré a los cuarteles de invierno para aislarme, para leer, para ver películas, para escribir y pensar aun siendo enemigo confeso del silencio. ¿Sabe una cosa? Leer poesía a veces es lo que nos puede mantener vivos en un mundo de cara a la galería tan poco estético. La poesía como la belleza es necesaria para la vida. No podemos olvidar que el próximo drama podríamos solucionarlo con un verso, con un beso, con un gesto. Basta que alguien cambie solo un poquito para que cambie el mundo entero. Jóvenes de todo el mundo, jóvenes nuevos y jóvenes mayores, se les necesita más que nunca. El mundo es nuestro y es nuestro deber llevarlo a su plenitud. Vivamos despiertos y dispuestos, embarguemos cada rincón de nuestra alma de poesía, nos hará altaneros en miras pero humildes para coger por el talle a la vida y resolver sus grandes problemas con soluciones que ni las matemáticas contemplan. No sé si le pasa lo mismo, pero es en los momentos en los que la vida me pone a prueba cuando se me infla el pecho como a un palomo y me bebo y como los problemas, convirtiéndolos en oportunidad, en ocasión de crecer. Nada me ha hecho más prosperar que los sinsabores que a mi edad ya me he echado en la espalda para seguir cabalgando campo a través. Mucho alimento para nuestra mente y nuestro corazón es el que tiene la obra de arte hecha película a final de los años ochenta El club de los poetas muertos. Me quedo con el lema de sus geniales miembros: “Fui a los bosques porque quería vivir a conciencia, quería vivir a fondo y extraer todo el meollo a la vida. Olvidar todo lo que no fuera la vida, para no llegar a la muerte descubriendo que no había vivido”. Querido amigo, nunca es tarde para forjar un mundo nuevo, una vida extraordinaria. Busque en su mejor versión interior su corazón más heroico y voluntarioso para luchar sin contemplar la rendición. Para ello nunca estaremos cansados, exhaustos en todo caso, borrachos de ganas por hacernos con esta pista de baile peligrosa a la que llamamos vida. Péguenle, por favor, una patada al desolador y silencioso conformismo. Peleemos solos y en equipo y sólo empujarnos en competición para provocar la superación del compañero. Vivamos en un caos de sueños, en un caos de gritos por ser más, por ver el mundo desde la perspectiva que nos da el contemplarlo subidos en la mesa, aunque no sea lo correcto. ¡Qué más da don Prudencio! Luchemos por levantar ese rincón en este mundo que deseamos, ese rincón que nos lance a la plenitud de nuestro yo más auténtico. Cuando algo que se desea mucho no existe no queda otro camino más que crearlo. Seamos sensibles, retirémonos de la manada, rodeemos de belleza nuestra vida desde lo más simple. La vida es como una taza de porcelana desconchada. Aunque esté imperfecta sigue siendo bella. Porque la belleza es lo que nos hace tolerar la vida, desarrollemos la sensibilidad. Esa sensibilidad que hace que no olvidemos nuestra primera vez en Venecia, nuestro primer viaje a Roma. Dejemos las fotos en las que vivimos, la realidad prevista virtual. Dejemos caer por el barranco de nuestros límites lo correcto, lo que esperan los demás, lo de siempre, lo suyo, y metámonos en el meollo del ideal de vida que queremos para nosotros. Hacemos miles de fotos sin llegar a conocernos a nosotros mismos. Sumerjámonos en nuestro verdadero yo con afecto para nuestros semejantes. Vivimos en sociedad, no podemos olvidarlo, sino todo esto sería una gran selva, nunca perderemos de vista la mesura para digerir la vida que no es lo que nos contaron idílicamente siendo niños, donde triunfaban siempre los valores. Acabemos desde hoy con lo previsto y previsible. Démonos calor y afecto entre todos para darnos la oportunidad de ser felices y con gracia tomarnos el pelo para vivir con una pizca de frivolidad esta vida, solo asfixiante si nos la tragamos sin la belleza mundana y sin la fe, maná útil y real para superar tanta desazón envuelta en el día a día. No pasemos por este lugar incierto dejando sepultado bajo la vergüenza y el pudor nuestro ideal de vida. ¿Loco yo? Bendita majadería la que nos conduzca a la felicidad, a la belleza, a la cara más hermosa  aunque mundana de la vida. Seamos mundanos. ¿Oído? ¡Pues adelante! 

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