Cartas del director

Un año inolvidable

En no pocas ocasiones llego a una conclusión y es que de las cosas importantes incluso a los que tenemos incontinencia verbal es de las que más nos cuesta hablar. Le damos un aldabonazo al año trece de nuestra era con tantas vivencias, moralejas, conclusiones y sapiencias, en general, que no sabría por dónde empezar ni hoy me confieso por derecho, padre. Un año en cuanto al crecimiento vital incomparable a mis tres décadas de vida. Un año de grises, negros y blancos. Un año de azules, pasteles, ocres, verdes, villar y esperanza; y un año del rojo, porque la pasión ha estado presente en todos los menesteres en los que me he enfrascado. No entiendo la vida de hecho sin pasión. ¿Y sabe con qué concluyo cuando abrochamos este año? Pues con que sin este año mi vida no hubiera sido seguramente la misma en un futuro. Tengo esa sensación, creo que inequívoca. Este año, entre usted y yo, ha sido para mí maravilloso. Cuando digo maravilloso no le digo fácil, ni cómodo. Cuando le digo maravilloso es rico en lo vital, rico, riquísimo, porque es en la adversidad donde, si nos lo proponemos, como yo me lo propuse en su momento, más nos crecemos y cuando más podemos dar de lo mejor de nosotros. Acabo el año haciendo uno de los viajes que muchos tenemos en el “debe” de nuestra cabeza por hacer: Nueva York. Es desde Nueva York desde donde en pleno cierre me toca mandar esta carta del director. Desde esta atalaya y premio a un año al que le he podido la partida, miro atrás y veo un año vital, crucial, importante, necesario. Veo que el 13 me ha dado buenos frutos. Un dígito al que en la vuelta de la esquina le daremos el portazo para recibir un nuevo año, repujado de ideas, proyectos, un nuevo año con olor a nuevo y con acordes triunfantes, porque es en este tiempo donde todos, si queremos, seremos el mejor partido de cada uno. Sevilla va sufriendo un remonte, ¿no lo nota? Pues Sevilla vivirá como el resto de España una recuperación contenida y sutil, pero una recuperación. Abra los ojos de par en par para notarlo y contarlo. Un día me dijo alguien que la crisis empezará a desaparecer cuando dejemos de hablar de ella y yo hace bastante que no por tener razones la obvié. La dejé de invitar a casa a mis almuerzos y cenas, a las copas con mis amigos. La desterré, le reconozco que incluso con mal gesto, de mi repertorio conversacional. Quiero con esta carta en el número 83 de Escaparate, el 83 que me suena por cierto a fecha de nacimiento, con la que cerramos un año que suena a mala pata, lanzarle con todas mis fuerzas un mensaje de esperanza en el mes de su onomástica. El año nuevo llegará y aquí estaremos clavados en el albero para recibirlo a porta gayola, con reaños y decisión, sin dejar de lado la cabeza. ¿Quién dijo miedo? Quiero confesarle algo: acabo de darme cuenta que estoy feliz. Estoy vivo, más vivo que nunca. Le invito a estarlo. Con mis mejores deseos, le envío un ingente abrazo. Sí, ingente, siempre fui excesivo... De hecho no me siento de otra manera.
¡Feliz Navidad!

 

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