Entrevista a

Bárbara Rey

Bárbara Rey

Ha pasado por ser una de las mujeres más deseadas de este país. Modelo, actriz, vedette, gogó… ha tocado, prácticamente, todas las parcelas del espectáculo y hoy sigue generando interés - y deseos - a sus sesenta y seis años de edad. Después de trabajar durante décadas en Madrid se trasladó a vivir a la Costa del Sol. Recientemente, ha visitado Sevilla de la mano del Salón Internacional del Caballo (SICAB), que la homenajeó. 

Qué alegría verla por Sevilla con tanta frecuencia…

Cada vez que vengo a Sevilla es especial. Tengo muy buenos amigos y he vivido momentos muy especiales en Sevilla, he conocido la Feria… y algo que me impactó y recordaré para toda la vida es la Semana Santa del año pasado. Cuanto más la conozco, más la quiero. 

Siempre es un placer recibirla en Sevilla

Adoro Sevilla, me gusta todo de ella. 

Viene en un momento… ¿feliz?

Es un momento de mi vida en el que me encuentro tranquila, salvo por la enfermedad de mi hermano de la que va saliendo. 

¿Cuándo se es más feliz: cuándo se desea algo, cuando se consigue o cuando se recuerda?

La felicidad no se puede medir porque tiene muchos momentos: cuando aspiras y luchas por ello, cuando lo consigues y cuando lo recuerdas. Pero, sin dudas, los momentos buenos se disfrutan más cuando se están viviendo. 

Es decir, que los comienzos rara vez son felices

Cuando se está intentando conseguir una meta, normalmente se tiene la ilusión y el deseo de conseguirlo, más que la felicidad. De todas maneras, no hay nunca una felicidad completa. Y te vas dando cuenta que con los años una empieza a aprender a ser feliz. Esa es una de las asignaturas más difíciles. 

¿Usted  ha sido ambiciosa?

Una puede tener el deseo de llegar a ser algo. El problema es cuando, a costa de esa búsqueda empiezas a dejar cosas en el camino. La ambición genera angustia y ansiedad y, al final de todo, te das cuenta que la felicidad está en cosas que no son muy difíciles, en pequeñas cosas, en saber valorar lo que tienes. Conformarte con lo que has conseguido, una buena mesa, una casa agradable…

¿Cuál ha sido su momento más difícil?

Cuando llegué a Madrid para ser artista lo pasé mal. No quería preocupar a mis padres y debí recurrir a ellos en más de una ocasión y, sin embargo, no lo hice. 

¿Tan mal lo pasó?

Llegué a dormir en la calle. Pero en ese momento tienes vitalidad y eres positiva. De hecho, ahora lo recuerdo con mucho cariño, como una anécdota. Pero, realmente, cuando lo he pasado peor fue cuando empezaron a ir mal las cosas en mi matrimonio. Fue muy duro.  

En su historial profesional hay teatro, cine, circo, revista…

Hay de todo y muchas veces hay quienes quieren pasarlo por alto.  He sido modelo, gogó, he protagonizado spots publicitarios, he hecho café-teatro, he ido por los pueblos ganándome la vida…

Pese a sus éxitos en el espectáculo, si usted llega haber nacido hace veinte años, ¿otro gallo hubiera cantado en su carrera como modelo?

Fui modelo en un momento muy difícil. Yo tenía un físico muy apropiado para ese trabajo pero, en cambio, no tenía la época gloriosa que están teniendo mujeres que han desfilado en los 90 o ahora.  

El mercado ha cambiado…

La moda y las firmas tienen ahora una fuerza tremenda. En mi época muy poca gente compraba alta costura y a las modelos nos pagaban tres pesetas.

¿No le da pena que para los nuevas generaciones usted sea, sólo, un personaje de programas del corazón?

Naturalmente. Pero que se vayan a las hemerotecas. Por cierto, en aquella época, la prensa del corazón sacaba nuestro trabajo, no sólo nuestra vida privada. Me han dado muchas portadas por películas u obras de teatro que, en ese momento, estaban teniendo éxito.

Eso también ha cambiado…

Ahora sólo salen cosas de corazón, si has puesto los cuernos, te has peleado con alguien o si vas en bikini… 

Usted ha sido figura de la “revista”. ¿Por qué ese género cayó?

Hay mucha televisión, las cosas van cambiando. Se está haciendo muy buena comedia musical. Pero hacer revista es muy difícil. La vedette debe ser una actriz completa: canta, baila, interpreta, debe tener un físico, sentido cómico etc. Es decir, no cualquier actriz sirve para ello.  Y después, ese género es muy costoso y no hay, prácticamente, ningún empresario que quiera hacerlo. 

Cuando una mujer se siente tan deseada, ¿cómo lo lleva?

Pues muchas veces se siente una mal porque es, sólo eso, “deseada”. Y los deseos se pasan rápido. Yo prefiero más ser querida que deseada. El deseo es una cosa momentánea mientras que el amor es más duradero y más importante. Me gustaría que no me hubieran deseado tanto pero que me quisieran más.

Pero eso debe motivar…

Sentirse deseada, todavía, es una recompensa a tu edad. Incluso si ves que le puedes gustar a una persona joven – aunque luego no pase nada – es como que te rejuvenece y te llena. 

Usted sigue “provocando”…

Soy una mujer con mucho sentido del humor. Me gusta gastar muchas bromas. Y, ahora, a mi edad me permito gastar bromas que no me he atrevido a hacer de joven. Yo jamás le hubiera gastado una broma picante a un hombre pero ahora me encanta bromear con chicos guapos que podrían ser mis hijos. 

¿Y con los de su edad?

Menos (risas). Por si acaso se me arrancan…

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